A la hora de hablar de rendimiento académico, el hogar elegido a veces es tan importante como las pilas que le ponés a los apuntes. En esta nota, tip’s y testimonios para llegar a la decisión que más te conviene.
Me mudo un tiempo a lo de esos tíos lejanos (que ni conozco); voy buscando un departamento barato o me la rebusco en una pensión?. Palabras más, palabras menos eso es lo que se preguntan en algún momento de su carrera los universitarios que llegan de otras latitudes para estudiar. Y es que, aunque parezca una bobada, la cuestión del techo propio es una de las más importantes para los jóvenes que se instalan en Córdoba. Según datos del departamento de estadística de la UNC años atrás, el 40% (aproximadamente 40 mil almas) de los alumnos de esa casa de estudios alquila una unidad habitacional en la ciudad. Las limitaciones o no de estos espacios en cuanto a lugares y tiempos de estudio, de recreación y de intimidad, impactan directamente en el acceso que cada persona tiene a la universidad y cual es su de-sempeño académico.
La primera elección
Un estudio del año 2005 realizado por la Universidad Nacional determinó que buena parte de los estudiantes que llegan, se instalan para dar sus primeros pasos, en pensiones o residencias baratas.
El fenómeno tiene sentido: a esa altura del partido (en pleno cursillo de nivelación) ningún estudiante puede saber si pasará o no el “colador” del ingreso; e inclusive si le gustará o no la carrera elegida, luego de un par de semanas de clase.
“La idea es no arriesgarse a firmar un contrato de alquiler, y luego tener que rescindir”, dice Maxi, un ingresante de Arquitectura, como repitiendo la excusa que “por ahora” su viejo puso para no alquilarle el depto de sus sueños.
“Me dijo que si entraba a la facu, ponía el gancho. Y eso es bueno, porque en el cursillo de Arquitectura nadie queda afuera. Igual, ya me hice amigos en la residencia… me va a costar irme”, asegura.
Pensiones o residencias
Ahora bien, ¿qué diferencia existe entre una pensión y una residencia universitaria? Depende que pensión y que residencia se compara. En general, podría decirse que la residencia es la ‘evolución’ natural de la pensión (o habitación en alquiler). Ambas se caracterizan porque sus moradores generalmente “comparten” espacios. Los residenciales, generalmente, suelen ser departamentos gigantes o casas con muchas habitaciones donde además de espacios se suelen compartir algunos servicios (desde el lavadero o la tele por cable hasta wi-fi o vigilancia).
Si bien puede sonar copado compartir “ciertos lujos”, para no llevarte sorpresas desagradables antes de mudarte a un lugar cómo éste, no sólo preguntes “qué se comparte” sino también” con “cuanta gente” se la comparte.
Florcis, es de Santiago y luego de compartir departamento con una amiga se mudó a una residencia. “Fue una experiencia única”, dice, aunque aclara eso porque el lugar era “tranqui”: sólo eran 8 chicas. “A mi ex compañera de departamento no le quedaron tan buenos recuerdos: vivía en una donde eran 28 mujeres”, dice entre risas.
Reglas de la casa
También esta bueno preguntar cuales son las “reglas” de la casa: las más clásicas son las de higiene, prohibiciones de entrar extraños a las piezas, o los turnos para acceder a los espacios y servicios comunes.
“Vivís esperando el turno: para comer, para lavar, para bañarse, ¡para todooo!. También tiene de feo vivir apretado con poco espacio para tus cosas y sin tener un momento para estar sola”, comenta Daniela, una lectora que vivió todo el primer año de su carrera en una pensión.
Otras residencias se manejan con reglas aun más estrictas que podrían obligarte a cambiar tu ritmo de vida. “Una amiga solía vivir en una residencia de monjas: cada vez que salía del lugar tenía que llenar una planilla y cada noche debía regresar antes de las 7 de la tarde”, cuenta Melu, tras aclarar que cuando salía a bailar sí o sí, tenía que quedarse a dormir en lo de alguna amiga: “¡imaginate como se le complicaría verse con un pibe!”, ilustra.
Contrato de convivencia
Si bien todo reglamento puede parecer odioso, nunca confíes totalmente de los lugares que sean demasiado informales o que acuerden todo de palabra. Si el lugar es habilitado, fíjate que tenga todo en regla. Si no, igual cerciorate que las instalaciones sean seguras, tengan matafuegos y cuestiones por el estilo.
Si el dueño no es conocido o recomendado, lo mejor será firmar un contrato, para que queden bien claritos tus compromisos y los de él. Alejandro, aún recuerda como el dueño de una residencia donde vivió tres meses se aprovechaba de extranjeras que llegaban a estudiar. “Las ‘bardeaba’ cuando se iban; y les echaba todo en cara para no devolverles el depósito”, afirma.
Históricamente para vivir en una residencia estudiantil (con todos los servicios) había que desembolsar un monto cercano a la mitad de un alquiler en un departamento de Nueva Córdoba. En los últimos tiempos, no obstante, las mensualidades de muchas residencias subieron a las nubes. A tal punto que muchos pensionistas decidieron juntarse con dos o tres compañeros para alquilar una vivienda que sea más barata y menos compartida (ver recuadro).
Pese a todas las pálidas, todos los consultados coinciden en que convivir en una residencia o pensión tiene cosas buenísimas, sobre todo para quienes no tienen muchos amigos en la ciudad.
“Vivir en una residencia te ayuda a comprender que siempre hay que saber ceder: y si lo aprendés la convivencia siempre va a estar de diez”, dice Florcis. “Ejercitás mucho la paciencia, pero ¡muucho!”, concuerda Daniela, aunque para ella lo mejor de la experiencia pasa por la cantidad de amigos que uno se hace en esos lugares, y quedan para siempre.
“Me sentía acompañada todo el tiempo, nos ayudábamos en todo y no había un momento para sentirse mal porque siempre te levantaban el ánimo.”, asegura Dani, aunque aclara entre risas: “igual, a mi departamento ¡no lo cambio por nada!.
¿Cuánto sale?
Estos son los costos orientativos de cada tipo de alojamiento, según un relevamiento de doctambulos!.
De 220 a 300 pesos: Pensiones: (Según la ubicación).
De 220 a 350 pesos: Habitaciones en casas de familia: (El precio depende del barrio y las comodidades. En algunos casos se exige que el trato se realice con los padres, y ofrecen la opción de “media pensión”.
De 400 a 800 pesos: Residencias universitarias: (El precio depende de la ubicación, los servicios y si la habitación es individual o compartida). Algunas solicitan además el pago de un depósito (500 pesos) que se devuelve al finalizar la estadía. En Córdoba existen residencias universitarias que pertenecen a municipios del interior de la provincia o a sindicatos (como el de Luz y Fuerza) y ofrecen el servicio a sus afiliados o vecinos, a un precio solidario.
Muy buena nota.
Saludos